Litio 7


Son esos momentos en los cuales debería sentirme liberada, más liviana, sin la necesidad de hacerlo. Después de todo debería ver que me han quitado un peso de encima, ¿no?
¿No era esto lo que tanto quería? Que él se vaya, que me deje sola y así poder seguir caminando sin piedrita en la zapatilla. O en los zapatitos negros boca pez. O en las plataformas negras que me compré en la liquidación. O en las Havaianas color coral. Y mirá que es jodido que se te meta una piedrita en la Havaiana. Pero esta piedra, que supo ser piedra preciosa, se metió. Y mucho. Y como cuesta sacarla. Porque, sí, todavía está ahí. Como que no se quiere ir del todo. Como que de repente me mira con esos ojos tristones y esa boca con forma de corazón y susurra con esa tranquilad tan impune: "Todavía puedo ignorarte más". Y yo pienso: "Analizame las partículas, vi". Pero no. Ya no. Él ya no quiere poner a temblar mi estructura molecular. Se queda con Litio 7. Y el acelerador de partículas Tandem. Y Argonne. Y Hay Yung Lee. O como carajo se escriba. O no. O simplemente no se quiere quedar conmigo. Y está bien. Y lo sabemos todos. Pero aún así, extraño esos vacíos juntos, esos domingos pesados y fríos, esos eternos mails en un Inglés de mierda, esos abrazos desparejos de mi metro cincuenta y nueve - sesenta si respiro profundo - y su hermoso metro ochenta y cinco, los helados de frutilla, las ganchas compartidas en el Peruano de Matheu, su opinología, su moda retro, su perfume viril, su eterna seriedad. Él me pide perdón por su decisión. Pero apuesta a que sea lo mejor. Y yo le creo. Porque él nunca se equivoca. Porque él todo lo sabe. Pero sobre todo, porque se vá la piedra -que aún brilla, pero... ¡mierda, como lastima!- del zapato.

Kevin + The Nada + Liniers


Esta noche estuve en recital que ofrecieron Kevin Johansen + The Nada + Liniers. He aquí mi crónica.
Llegamos, el teatro Maipo estaba llenísimo de gente, ¡parecía que salían de todos los rincones! Un señor de bigotes súper raros nos cortó la entrada al saludo de : "¡Buen dííía!"... ¡A las 9:30 de la noche! Nos acomodamos en nuestros incómodos lugares (mi metrosesenta no era compatible con la altura de la butaca, por lo que mis diminutos pies colgaban). Se apagan las luces y la cosa prometía ser más o menos así: Kevin + The Nada tocarían esas canciones que ya todos sabemos y canturreamos con sonrisas mostradoras de dientes, mientras que Liniers (¿vale enamorarse de él aún un poco más?) dibujaba. Lo que no nos esperábamos era que Liniers estuviese sobre el mismísimo escenario trabajando sobre un mural enorme y bellísimo. La cosa no terminó ahí, no señores. Kevin desparramó chistes y anécdotas y dixits, fué más luego seguido por su ahora colega, mi amado Ricardo Siri, en las desvariasiones que suele sufrir mi otro amado, Johansen. El resultado: nos cagamos de la risa toda la noche, bailamos, conocimos a un Liniers cantante y humorista, con un final en el que - haciendo honor al histórico teatro porteño- se calzaron todos las plumas. Y me enamoré aún más de Li(li) niers (¿valía eso?).

¡Vamos a comer a lo Beto que nos hizo Guacamoleee, carne con frijoleee!