El peinado de Nacho me desespera, la cara de constelación de Tomy es agobiante, las glamorosas gafas de señorito trombón arrasan temporales, las flores incrustadas de Marcelo (oh, si, Mattia, ¡un Marceeelo!) causan estragos, el sexo acumulado de Marcos estemmm -ejem ejem cof cof-. El movimiento sabanístico pedorro, las chicas casualmente despeinadas y con atenta cara de nada, la ternura impostada en el movimiento, la ondulación subterránea de los niños, el bailecito a lo Miranda y todas, todas esas cosas hacen que quede demostrado empíricamente: me encanta Onda Vaga y su vagui-burgui-grasi-señal.