
Como todos sabemos el hipotálamo regula el hambre, la temperatura y el sueño.
Bien, aquí la ruptura de la regla.
El cuento número 8 de la colección que lleva por nombre - oh casualidad-
Infierno Grande, ese que sugestivamente se conoce como
Esa Cuestión de Orificios, le dió unas vacacioncitas al más arriba mencionado
pordebajode y me reguló el sueño y la temperatura durante varias noches.
(Un saludo para todos los que me conocen, que ya saben que el pabellón uno causa estragos.
¡Fuera afeminados diseñadores, vengan a mí nerds con notebook en mano!).
La literatura y la matemática, o mejor dicho esos clásicos personajes de esas disciplinas, se encontraron en él y amasaron plastilina de colores.
Casualmente esta imagen me remite al otro, a Alicio.
Oh, cuanto le debemos.
(Eso último que usted acaba de leer es una digresión. Ya vuelve a su curso el texto. Es que me cuesta concentrarme).
Retomo, pero no como Lewis que re-tomaba (dicen las malas lenguas, ¿vió?).
Quedó una masa multicolor, homogenea en al que aún se pueden ver claramente las diferentes tonalidades.
Números imaginarios y aliteraciones.
Vaya combineta si las hay.
Sólo tangiblemente presente en
Crímenes Imperceptibles.
Y totalmente trasparentes en el resto de la obra.
Una pincelada de azar por aquí, otra por allá.
¿Pero que es todo sino la comprensión de que aún dentro del azar hay patrones?
Aquí la primera pieza de la mixtura.
Infierno GrandeGuillermo Martínez
Gracias totales a
Chadeaux.
Y lo invitamos a seguir colaborando con el Blog.